La revitalización de un instante de oración – La Cueva del Ángel


La revitalización de un instante de oración

, POR Silvia Bazan

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La revitalización de un instante de oración

La oración nos acerca a Dios y abre nuestros sentidos a Su Presencia.

La revitalización de un instante de oración

¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué es realmente orar? ¿Qué significa, cómo se hace correctamente, cuál es la actitud adecuada? A medida que pasa el tiempo estas respuestas van cambiando. Las más puras, obviamente, las tenemos de pequeños… Orar es platicar, como lo haces con tu amigo imaginario, alguien que no te juzga, que no te agrede ni tiene realmente opinión alguna, tan sólo te escucha porque así lo has decidido, y así debe ser porque realmente conversas contigo mismo…

Pero, ¿qué sucede cuando más adelante al orar comienza a haber una respuesta, y algo o alguien te guía, te arropa, te llama? ¿Qué significa orar? ¿Acaso no es una conversación con tu alma?

Cuando oramos, abrimos nuestro templo interior por unos instantes, sin reservas, sin temores, en una forma natural, sin interferencia.

Dejamos que salgan a flote nuestros sentimientos más puros y profundos, sentimos un inmenso amor fluir por nuestra existencia y lo que reconocemos como Fe florece de forma inmediata.

¿Cuál es la manera correcta de orar? Realmente no existe ninguna definición adecuada, ya que en un momento profundo de oración nos desprendemos de este plano y nos acercamos a otros planos más celestiales, sin siquiera darnos cuenta.

Escuchar las respuestas a nuestra oración

Lo que en algunas ocasiones nos resulta difícil no es orar, sino escuchar las múltiples respuestas que nos aguardan, si tenemos un instante de paciencia.

Escuchar es tan importante como orar, pero, ¿cómo hacerlo? Yo diría que las primeras veces nos sorprende y lo desechamos como si fuera una interferencia, pero poco a poco y con mucha calma lo seguiremos percibiendo hasta que se torna un hecho irrefutable.

Orar no es un acto de fe únicamente… es una conversación continua.

No necesitamos de hábitos o ropajes especiales ni de lujosos templos o imágenes de ángeles o querubines; tan sólo se requiere una mente despierta, dispuesta a sentir la responsabilidad, la consciencia de Ser y aceptar que los mensajes son constantes y nos atañen.

La oración, vista de tal manera, sana, revitaliza y nos acerca a nuestra esencia divina.

¿Por qué olvidar aquellos tiempos cuando las conversaciones con el Padre celestial eran lo único que conocíamos? Era como respirar o toma agua y comida de la madre tierra, sentir el viento refrescante en el rostro e iluminarse y resguardase del frío con el fuego.

Tiempo, lo que necesitamos es tiempo para entrar en tal estado de paz y de calma; olvidar las prisas y las presiones de la vida cotidiana y darnos ese tan maravilloso espacio por un instante nada más, todos los días.

Y tú, mi querido lector, ¿estás listo para tirar a la basura los pretextos e intentarlo? ¿Estás listo para orar y escuchar el sonido del silencio, la parte más profunda de tu Ser, cada día y día a día? ¿A formar grupos y cadenas de oración interminables y sentir su inmenso poder de interconexión?

 

Cuando oramos, abrimos nuestro templo interior por unos instantes, sin reservas, sin temores, en una forma natural, sin interferencia.

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